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	<title>Apsu y Tiamat</title>
	<link>http://crecimientopositivo.es/blog</link>
	<description>Creciendo y comprendiendo mejor</description>
	<pubDate>Tue, 18 May 2010 18:31:40 +0000</pubDate>
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		<title>Perderse en el camino</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2009 18:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>apsu</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[El Rincón Metafórico de Apsu]]></category>

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		<description><![CDATA[Recorrer el camino personal e intransferible de cada uno, salirse del sendero del conformismo y la aceptación de algo que en realidad no deseo, supone en ocasiones conectar primero con la sensación de vacío que podemos experimentar al encontrarnos perdidos&#8230; ¿Cuándo sucedió? ¿En qué momento? Como cuando somos niños, saber que me he perdido supone [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recorrer el camino personal e intransferible de cada uno, salirse del sendero del conformismo y la aceptación de algo que en realidad no deseo, supone en ocasiones conectar primero con la sensación de vacío que podemos experimentar al encontrarnos perdidos&#8230; ¿Cuándo sucedió? ¿En qué momento? Como cuando somos niños, saber que me he perdido supone una cuota de ansiedad y miedo que me conectan con una idea que, para muchas personas, resulta aterradora: estoy solo. Porque cuando me he perdido y soy consciente de ello, puede que esté rodeado de personas que no conozco, que no reconozco&#8230; Se puede llegar a sentir soledad en lugares tan diversos&#8230;</p>
<p style="text-align: center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/soledad.jpg" width="308" height="313" /></p>
<p>Una de las vías secundarias que nos pueden devolver al camino que realmente deseamos recorrer es volver a conectar con nuestros deseos, necesidades y sueños, con aquello que quizás, hace tiempo, fue el inicio de nuestro particular camino, de la ruta de la cual hemos salido sin darnos cuenta.</p>
<p>Si dejamos de mirar hacia delante al caminar por esta ruta elegida, podemos sorprendernos más adelante al encontrar que nos hermos perdido&#8230; En ocasiones, nos hemos perdido porque durante cierto tramo solamente mirábamos hacia atrás, enganchados en el recuerdo de aquello que sucedió y ya no está. Otras veces, ensimismados con la presencia de alguien que nos acompaña, nuestros compañeros de viaje, perdemos de vista nuestro rumbo personal y caminamos, equivocadamente, el que recorren los otros&#8230;, por miedo a perder esos vínculos.</p>
<p>Pero desconectar de nuestro propio camino siempre nos lleva, en algún momento, a darnos cuenta de que nos hemos perdido, de que el lugar en el que estamos no es el que hubiéramos querido. La buena noticia es que si miramos dentro de nosotros, si nos damos el permiso de enlazar con nuestros deseos y necesidades, con nuestros <strong>sueños</strong>, podemos reencontrarnos con el camino elegido.</p>
<p>La sociedad nos envía mensajes contradictorios con respecto a los sueños y su consecución; nos animan desde diversos lugares más o menos cercanos a nosotros a perseguir y alcanzar nuestros sueños, pero luego, por otro lado, señalan a aquellos que eligen este camino tachándoles de &#8220;infantiles&#8221; o de &#8220;inmaduros&#8221;.</p>
<p>Lógicamente, habría que analizar las situaciones particulares, pero esta pauta reconocible en muchas personas, la de etiquetar de inmaduros a los que persiguen sus sueños, parece partir de la inseguridad que sienten estas personas ante la imagen que reciben de los <em>soñadores</em>. Algunas personas, que se sienten incapaces de perseguir y alcanzar sus sueños, se sienten amenazados por la posibilidad de que otros sí lo logren, por lo que, para mantener cierta coherencia interna en su discurso, intentarán por todos los medios convencer a los demás de que no intenten perseguir sus sueños.</p>
<p style="text-align: center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/caminos.jpg" width="399" height="300" /></p>
<p> Todos soñamos con algo: alcanzar ciertos logros, como superar una marca personal en un deporte, o adquirir cierto estado, como la felicidad y la plenitud&#8230; Pueden ser sueños grandes o pequeños, realistas o irrealizables, pero son sueños y son <em>nuestros</em>.  En el momento que le otorgo a otro el poder de hacer alcanzable o no mi propio sueño, comenzaré a sentir que <strong>mi camino elegido</strong> no es tan adecuado como yo imaginaba; y ahí quizás empiezo a perder el rumbo.</p>
<p>Afortunadamente, hay formas de volver a conectar con los sueños y deseos que dieron origen al camino que estoy recorriendo. Nos empeñamos muy frecuentemente en el análisis concienzudo de las razones por las cuales me he perdido, cuando, quizás, lo realmente importante es saber que me he perdido e intentar conectar de nuevo con el lugar al que deseaba ir. Una vez he realizado esta tarea, podré <strong>saber realmente si deseo seguir recorriendo este camino o no</strong>. Pero esa decisión será nuevamente mía, y tendré que hacerme responsable de ella. En la situación en la que me he perdido soy incapaz de hacerme responsable porque no comprendo porqué estoy ahí.</p>
<p>A través de este trabajo, el de conectar con mis sueños y deseos, puedo hacerme responsable de las decisiones que me han llevado al lugar en el que estoy y así poder cambiar mi rumbo, si así lo deseo. Entonces quizás comprenderé que mi camino es solamente mío y que las personas que me acompañan no tienen porqué seguir el mismo rumbo. Cuando alguien decide vincularse afectivamente con otro, de la manera que sea, una amistad, una relación de pareja, etc., ha de aceptar que el otro no está ahí para completar sus vacíos. En el mejor de los casos, somos compañeros que <strong>elegimos libremente caminar juntos una parte del sendero</strong>.</p>
<p>Perderse en el camino forma parte de lo posible; hay que aceptar que las cosas no siempre serán como a uno le gustaría. Es más, no es sano empeñarse en perseguir un sueño que me lleva siempre por un camino de permanente dolor y soledad; uno ha de hacerse responsable también de esta parte, quizás la más difícil de todas: <strong>renunciar a lo que no es posible</strong>. Perderse, por tanto, podría ser el primer paso para volver a conectar con los sueños y necesidades, pudiendo valorar de este modo si aún sigo deseando hacerlo realidad.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">Apsu.</p>
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		<title>Cuando no crecemos en el vínculo de pareja</title>
		<link>http://crecimientopositivo.es/blog/?p=27</link>
		<comments>http://crecimientopositivo.es/blog/?p=27#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2009 18:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relaciones de Pareja]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces nos descubrimos a nosotros mismos bloqueados, indefensos, incapaces de modificar una situación en la que no nos gusta estar. Muchas personas, estando en pareja, se hacen responsables de procesos que, o bien no son su responsabilidad, o bien se trata de una responsabilidad compartida. Cuando uno siente que la relación de pareja en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces nos descubrimos a nosotros mismos bloqueados, indefensos, incapaces de modificar una situación en la que no nos gusta estar. Muchas personas, estando en pareja, se hacen responsables de procesos que, o bien no son su responsabilidad, o bien se trata de una responsabilidad compartida. Cuando uno siente que la relación de pareja en la que está, que el vínculo y su crecimiento, dependen de él o ella únicamente, se cae en el error de asumir más responsabilidad de la que nos compete.</p>
<p>Algunas personas están tan pendientes del otro, de cómo está, de cómo se siente, de no hacerle daño&#8230; que se llegan a olvidar por completo de preguntarse a sí mismos cómo se sienten, dejando de estar en contacto con una de las claves que me indica si la relación y el vínculo es sano: mi propio crecimiento.</p>
<p style="text-align: center" align="center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/identity-0-0.jpg" width="350" height="441" /></p>
<p>Porque si el vínculo que mantenemos juntos no me permite crecer, me ahoga, me bloquea y me retiene&#8230; hemos de empezar a preguntarnos si realmente deseamos estar en esa relación y porqué.</p>
<p>&#8220;<em>Porque nos queremos</em>&#8220;. Esta es una respuesta habitual que algunas personas utilizan para solventar la anterior cuestión. Pero, a veces, el amor no es suficiente. Porque a veces confundimos amar con tener cariño por alguien, o con estar enganchados&#8230; Y si estamos enganchados es imposible crecer: ni tú, ni yo, ni el vínculo.</p>
<p>En ocasiones, estas personas, desde su bloqueo y siendo conscientes de que no están a gusto, de que no crecen en la pareja (incluso sabiendo que su pareja tampoco crece),  se mantienen allí porque experimentan intensas emociones y sentimientos negativos ante la sola idea de replantearse la relación. El miedo, la culpa y la tristeza que anticipan como inevitables a la pérdida del vínculo les mantienen allí. Incluso pueden alimentar la fantasí de que &#8220;<em>el problema es mío, todo va bien, puesto que nadie más se queja</em>&#8220;.</p>
<p>Las personas de nuestro alrededor, nuestras familias y amigos, la propia pareja, podrían sentirse apenados, frustrados, desconcertados, perdidos&#8230;  ¿Cómo voy a hacerles &#8220;eso&#8221;? Instalados en un sentimiento de culpa que les bloquea por completo, deciden no hacer nada y decapitar así su propio crecimiento. Sus sueños, expectativas e ilusiones <strong>dejan de ser importantes</strong> y la autoestima de estas personas queda seriamente afectada.</p>
<p>Uno de los elementos que una pareja debe cuidar mucho es la <strong>comunicación</strong>. ¿Por qué, una vez he llegado aquí, no planteo lo que siento y proponemos una serie de soluciones? En lugar de enfocarnos sobre el origen del problema, o sobre esas discrepancias que generan conflictos, podría resultar más útil conectar con lo que siento y comunicarlo, escuchar cómo se siente el otro, y ver qué cosas, qué acciones podríamos llevar a cabo <strong>juntos</strong> para reinstaurar un equilibrio sano en la relación: así TODOS crecemos en el vínculo.</p>
<p>Evidentemente, cada persona ha de comprender por sí misma qué es<em><strong> crecer en pareja</strong></em>, porque no todos tenemos los mismos objetivos ni las mismas prioridades&#8230; No hay &#8220;recetas&#8221; para llegar a la felicidad en la pareja, para conseguir determinados objetivos, aunque sí está mucho más claro lo que no hay que hacer, las conductas y actitudes que hemos de procurar comprender y evitar para seguir creciendo en pareja.</p>
<p style="text-align: center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/miradas.jpg" width="400" align="middle" height="307" /></p>
<p>Una de las cosas que no hemos de olvidar es que somos dos personas diferentes, que han decidido recorrer parte de sus caminos juntos, comprometiéndose, a veces no muy conscientemente, a cumplir con objetivos que son, en principio, compartidos: una vida en común. Si olvidamos nuestros objetivos personales, si los postergamos, si creemos que no son tan importantes como los que construimos con nuestra pareja, es posible que corramos el riesgo de  perder nuestros sueños y de empezar a cultivar esa sensación de bloqueo e indefensión anteriormente mencionada.</p>
<p><strong>Es fundamental recordar nuestros sueños personales</strong>, quiénes somos, para estar auténticamente con el otro; para poder compartir nuestro camino, tengo que estar conectado tanto con los sueños, fantasías y proyectos comunes, como con los que son únicamente míos.</p>
<p>Si sentimos que no crecemos estando con la otra persona, hemos de plantearnos qué es lo que no está yendo bien, empezando por revisarnos a nosotros mismos. Caemos fácilmente en el error de culpar, de responsabilizar a la otra parte de nuestra infelicidad, de nuestro bloqueo o de nuestra indefensión y le exigimos que cambie, con la esperanza puesta en que ese pequeño cambio supondrá una gran diferencia.</p>
<p>Muchas personas utilizan esta estrategia porque les asusta mirarse; la sola idea de girarse hacia sí mismos y encontrar que ellos son, en parte, los responsables de su actual situación, les aterra. Pero es una buena noticia volver a conectar con uno mismo, porque a partir de ahí seré capaz de retomar el control sobre mí mismo, sobre lo que puedo aportar a la relación y al vínculo.</p>
<p>Una vez hemos conectado con nosotros mismos de nuevo, el siguiente paso es identificar nuestros sentimientos, pornerles nombre y <strong>compartirlos</strong> con nuestra pareja, exponiendo nuestra necesidad de apego y cuidado del vínculo, aceptando que el otro no está para cubrir todas nuestras expectativas, pero siendo conscientes de que la dinámica que veníamos utilizando hasta ahora ya no sirve, puesto que no me permite crecer.  Solo conociendo la dinámica que nos ha llevado a la situación actual, cada uno desde su posición, asumiendo su parte, podremos llegar a iniciar un camino que nos lleve al reencuentro.</p>
<p style="text-align: center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/soledad.jpg" width="308" align="middle" height="313" /></p>
<p>Pero a veces, a pesar de todos los esfuerzos, del cariño que se le puede tener a la otra persona&#8230;, no hay nada que hacer. El vínculo que nos hacía crecer a ambos ya no existe, y no hay forma de repararlo. Entonces hay que saber despedirse, no caer en el error de engancharse a una persona con la que, en realidad, no deseamos seguir vinculados, al menos no del mismo modo. Esta es una tarea especialmente difícil, la de descubrir si estamos enganchados, y que puede resultar dolorosa por las pérdidas que hay que asumir, pero que resulta necesaria para sentir que volvemos a crecer.</p>
<p align="right">Apsu y Tiamat.</p>
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		<title>Vasijas Emocionales</title>
		<link>http://crecimientopositivo.es/blog/?p=25</link>
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		<pubDate>Thu, 21 May 2009 15:15:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>apsu</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[El Rincón Metafórico de Apsu]]></category>

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		<description><![CDATA[Los seres humanos, en ocasiones, nos encontramos en situaciones en las que nos vemos absolutamente desbordados por nuestras emociones, incapaces de hacer otra cosa que no sea reaccionar ante lo que sentimos. Estas reacciones, que responden a la experimentación de un conjunto de emociones que interactúan entre sí y que resultan difíciles de manejar (lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los seres humanos, en ocasiones, nos encontramos en situaciones en las que nos vemos absolutamente desbordados por nuestras emociones, incapaces de hacer otra cosa que no sea <strong>reaccionar</strong> ante lo que sentimos. Estas reacciones, que responden a la experimentación de un conjunto de emociones que interactúan entre sí y que resultan difíciles de manejar (lo que en Crecimiento Positivo solemos llamar <em>cocktail emocional</em>), nos llevan a posteriores juicios de valor acerca de nuestro comportamiento de los que no salimos bien parados: &#8220;&#8230; debería haber dicho aquello&#8230;&#8221;, &#8220;&#8230; no tendría que haber hecho&#8230;&#8221;, etc. Estos pensamientos, que tienen forma de auto-reproche, generan nuevos sentimientos negativos hacia nosotros mismos que dañan nuestra autoestima. ¿Y qué está en el origen de este complicado proceso? Nuestra capacidad para manejar nuestra &#8220;Vasijas Emocionales&#8221;.</p>
<p>Esta metáfora sugiere que cuando sentimos alegría, miedo, satisfacción, ira, tristeza&#8230; y no tenemos tiempo para elaborarlas, las vamos <em>introduciendo </em>en una especie de vasija. Las emociones negativas, que suponen un gran peso para nosotros, van llenando este recipiente, mientras que las emociones positivas tienen el efecto maravilloso de no acumularse dentro y de, en ocasiones, ayudar a ir vaciando nuestra vasija personal.</p>
<p align="center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/vasija-rota.jpg" width="370" align="middle" height="253" /></p>
<p>Creemos que nuestra vasija es muy fuerte, resistente y profunda, porque por más que la llenamos, nunca parece desbordarse&#8230; Pero el caso es que, de cuando en cuando y, para algunas personas muy frecuentemente, nuestra vasija emocional rebosa. La hemos llenado de emociones negativas que no elaboramos, de manera que llegados a este punto&#8230; estallamos. En función de la historia particular de la persona y de la situación en la que se encuentre, las consecuencias de llenar nuestra particular vasija son:</p>
<ul>
<li><em><strong>Romper la vasija lanzándola contra objetos o personas</strong></em>: llega un momento en que la única manera que encontramos de gestionar lo que nos ocurre es explotar. estos <em>estallidos emocionales </em>son muy violentos, pero se manifiestan de diversas formas, como por ejemplo, a través de la ira y la agresión.</li>
<li><em><strong>Derramar el contenido de la vasija sobre uno mismo</strong></em>: otro modo inadecuado de gestionar el contenido de nuestra vasija es vaciarla sobre nosotros mismos, reexperimentando todas esas emociones negativas y auto-reprochándonos no haber sabido actuar en aquellas situaciones originarias.</li>
<li><em><strong>Hacer pequeños agujeros en la vasija para generar &#8220;escapes&#8221;</strong></em><strong>:</strong><em><strong> </strong></em>otras personas realizan determinadas actividades que les sirven para &#8220;desahogarse&#8221; en lugares donde una respuesta agresiva no está socialmente sancionada. Así, estas personas realizan deportes de contacto, consumen determinadas sustancias, etc.</li>
</ul>
<p>En todos estos casos, las consecuencias suelen ser negativas, afectando de forma significativa a nuestro auto-concepto y, por ende, a nuestra autoestima. Además, hay que tener en cuenta que estas tres estrategias no se pueden mantener mucho tiempo y que, de mantenerse, pueden llevarnos de una a la otra, pasando, por ejemplo, de estallar contra los demás, a hacerlo con uno mismo&#8230;</p>
<p>¿Existe algún modo más adecuado de gestionar nuestra vida emocional y que no tenga consecuencias tan aversivas para nosotr@s? La respuesta es, indudablemente, sí.</p>
<p>Imagina que pudieras coger tu vasija por las asas cuando tú lo desees, y que pudieras  derramar su contenido siempre que lo deseases, para que pesase menos llevarla contigo, para no acumular emociones de forma innecesaria, para que no fuera inevitable llenarla hasta los topes&#8230;, para caer en la cuenta de que dicha vasija merece algo de atención.</p>
<p>La apuesta por la <strong>gestión inteligente de las emociones</strong> nos ofrece la oportunidad de manejar nuestra vasija a nuestro antojo, decidiendo en cada momento qué sentimientos y emociones deseo expresar y compartir, cuáles puedo elaborar por mí mism@ y sin ayuda, etc.</p>
<p>Para lograr este objetivo, uno debe primero darse cuenta de que tiene una vasija&#8230; Hemos de darnos cuenta que a veces nos cuesta gestionar nuestro mundo emocional y vamos acumulando cosas, poco a poco, que no terminamos de elaborar adecuadamente. Y es que hay que cuidar la vasija, porque repararla, en caso de ruptura, es siempre más complicado. Así que una vez hayamos conectado con nuestra vasija personal, tengo que aprender cómo gestionarla.</p>
<p align="center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/vasija.jpg" width="350" align="middle" height="448" /></p>
<p>Cada persona ha de entrar en contacto con sus emociones y sentimientos, con cómo gestionamos nuestros particulares <em>cocktails emocionales</em>. Para ello, puede resultar útil seguir el siguiente proceso:</p>
<ol>
<li>Identifica las emociones que te cuesta gestionar, como la ira, la tristeza o el miedo, de manera que puedas distinguirlas, aunque estén presentes en la misma situación. Poner nombre a la emoción es una manera de entrar en contacto con ellas y de diferenciarlas de los sentimientos.</li>
<li>Acepta que eso que sientes es auténticamente tuyo: es TU miedo, TU tristeza, TU enfado, TU frustración&#8230; Algunas personas no se dan permiso para sentir determinadas emociones y sentimientos, porque eso afectaría de forma importante a su manera de verse a sí mism@s.</li>
<li>Analiza el significado que esa emoción o sentimiento tiene para ti en esa situación. De este modo, verás que una emoción no es en sí misma negativa o positiva, que todas nos aportan información útil acerca de nosotr@s mism@s, de la situación, o de ambos.</li>
<li>¿De qué otra manera podrías interpretar eso que estás sintiendo? Si cambio el significado que estoy dando a mis emociones, si soy capaz de darme tiempo para averiguar qué me aporta esta emoción, seguramente podré cambiar las acciones a las que mi emoción me impulsa. Dejaré de reaccionar, para actuar de forma más inteligente.</li>
</ol>
<p>Porque el objetivo de gestionar las emociones no es otro que el de aprovechar su impulso hacia la dirección a la que realmente deseamos dirigirnos. Algunas emociones nos bloquean porque el significado que le atribuimos es absolutamente negativo, tanto, que la intensidad de la misma emoción nos impide hacer eso que, decididamente, habíamos elegido para nosotr@s.</p>
<p>Sin embargo, si soy capaz de conectar con lo que realmente siento, seguramente me daré tiempo de elegir lo mejor para mí, de aceptar que lo que siento es auténticamente mío; así, podremos coger por las asas nuestra vasija y derramar lo que no nos sirve, desprendernos de ello y utilizar lo que consideremos más adecuado para nuestros objetivos. Solo después de entrar en contacto con lo que siento, puedo desprenderme de ello, si así lo decido.</p>
<p align="right">Apsu.</p>
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		</item>
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		<title>Vuelve el Blog de Apsu y Tiamat</title>
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		<pubDate>Thu, 21 May 2009 15:04:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas del Director de CP]]></category>

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		<description><![CDATA[Estimados lectores,
Tras unos meses en los que se ha estado trabajado muy intensamente para mejorar las prestaciones de Crecimiento Positivo en diversas áreas, como la formativa y la terapéutica, el Blog de Apsu y Tiamat vuelve a estar en funcionamiento como espacio de reflexión en el que ir comentando, a través de los artículos, algunas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estimados lectores,</p>
<p>Tras unos meses en los que se ha estado trabajado muy intensamente para mejorar las prestaciones de Crecimiento Positivo en diversas áreas, como la formativa y la terapéutica, el Blog de Apsu y Tiamat vuelve a estar en funcionamiento como espacio de reflexión en el que ir comentando, a través de los artículos, algunas experiencias para seguir creciendo juntos.</p>
<p>Es un placer anunciar la llegada de nuevas secciones en el Blog, relacionadas con temáticas que muchos lectores habituales habéis solicitado. Os pido paciencia con los artículos, que se irán publicando mes a mes; y también os animo a seguir participando con vuestras sugerencias y opiniones.</p>
<p>Un afectuoso saludo.</p>
<p align="right">Antonio Corredera Larios.</p>
<p align="right">Director de Crecimiento Positivo.</p>
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		<title>Un año de Crecimiento Positivo</title>
		<link>http://crecimientopositivo.es/blog/?p=23</link>
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		<pubDate>Mon, 15 Sep 2008 10:18:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cartas del Director de CP]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace poco más de un año, una idea, que surgió en una conversación con una importante persona de confianza, nos llevó a desarrollar un proyecto de divulgación de conocimientos en el área de la Psicología Positiva al que denominamos, entre esa persona y yo, Crecimiento Positivo. En aquel momento no lo sabía, pero esta persona [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco más de un año, una idea, que surgió en una conversación con una importante persona de confianza, nos llevó a desarrollar un proyecto de divulgación de conocimientos en el área de la Psicología Positiva al que denominamos, entre esa persona y yo, Crecimiento Positivo. En aquel momento no lo sabía, pero esta persona de la que hablo me ayudó a transformar mi vida dándome una manera de estructurar mi proceso personal.</p>
<p>Durante este año he tenido que aprender lecciones muy importantes desde lugares muy poco agradables.  He aprendido a convivir con mis emociones más difíciles y a experimentar mis peores facetas, aquellas que nos escondemos incluso a nosotros mimsos, aquellas que escondemos a los demás por temor a quedarnos solos.</p>
<p style="text-align: center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/tristeza.jpg" title="tristeza" alt="tristeza" width="350" height="436" /></p>
<p>En ocasiones, nuestra trayectoria vital nos enfrenta a nosotros mismos de manera descarnada y nos obliga a hacerlo de frente, porque la otra alternativa, huir, ya no resulta posible: estás en un callejón sin salida. Y, si alguna vez estás en un callejón como este y no saber cómo continuar, por favor: <em>da media vuelta y elige otro camino</em>. Nos da un miedo tremendo equivocarnos; vivimos tan presionados por el éxito que <strong>creemos </strong>que debemos alcanzar ya que olvidamos la importancia de cometer errores en el camino&#8230; y aprender de ellos.</p>
<p>Es en estos momentos en los que <strong>parece </strong>que has tocado fondo en los que aparece la oportunidad de volver a conectar con lo que creías haber perdido: <strong>tú mismo</strong>. <em>Todas nuestras experiencias poseen la capacidad de conectarnos con nosotros mismos, si estamos dispuestos a aceptar lo que sentimos</em>. Y es que eso que siento, también es mío. En parte, lo construyo yo.</p>
<p>No creo que haya fórmulas universales para situaciones de crisis existencial; en mi opinión, creo que lo que sí podemos establecer son estilos de afrontamiento, de estas situaciones, más saludables que otros. ¿Por qué algunas personas, en estas situaciones, se derrumban, mientras que otras logran reinventarse a sí mismas? El concepto de RESILIENCIA así lo explica: <em>es la habilidad que nos permite enfrentarnos a la adversidad, sacando lo mejor de nosotr@s mism@s, permitiendo reconstruirnos creativamente</em>. Lo mejor de todo es que es algo que se puede aprender, cultivar, desarrollar&#8230;</p>
<p>Hace tiempo, un gran amigo me recomendó este <a href="http://es.youtube.com/watch?v=ykUyVFkizfQ" title="Discurso de Steve Jobs" target="_blank">discurso de Steve Jobs</a>, el creador de Apple, cuyas palabras cobran hoy otro sentido más trascendental: &#8220;<em>en algún momento, los puntos conectan</em>&#8220;. Pero, ¿en qué momento? Creo que eso no podemos saberlo demasiado bien. En mi experiencia personal y profesional, solo puedo decir que todas las experiencias suman, tienen el potencial maravilloso de ayudarnos a crecer.</p>
<p>En una sociedad en la que no hay grandes certezas, &#8220;<em>la clave del éxito está en aprender a manejarse bien dentro de la incerdibumbre</em>&#8220;.  Cuando pronuncié esta frase por primera vez lo que me llamó la atención fue la reacción de laspersonas que la escucharon: un silencio respetuoso y reflexivo, acompañado de sonrisas y asentimientos. Ahora, meses después, esta frase resume gran parte de mi trabajo actual y de mi estilo de vida.</p>
<p style="text-align: center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/frp45.jpg" title="superación" alt="superación" width="309" height="281" /></p>
<p>El momento de crisis me sirvió para conectar conmigo de nuevo y para ponerme en el camino de redescubrir quién soy. Y en este camino, sendero por el que transitamos todos, de forma paralela, descubrí un objetivo, un propósito con el que me he comprometido y que ayuda a dar sentido a mi vida. Esta ha sido la experiencia subjetiva, el conjunto de significados que ha transformado todo. Después, a nivel práctico, he basado mi último año en una serie de pilares sencillos:</p>
<ul>
<li><strong>Paciencia</strong>: porque ante la incertidumbre, el deseo de conseguir YA mis objetivos supone un freno en lugar de una ayuda. Aprender a ser pacientes me permite sentirme bien aunque no haya alcanzado todavía mi meta.</li>
<li><strong>Perseverancia</strong>: la única manera de llegar a donde quiero, a pesar de la adversidad, es continuar avanzando en esa dirección, continuar soñando con mi meta. La perseverancia es una actitud, pero que se demuestra con acciones específicas.</li>
<li><strong>Talento</strong>: descubrir mis fortalezas personales y ponerlas en práctica me ayudará a mantenerme en el camino de lograr mis sueños. Todos tenemos algún talento; se trata de descubrirlo y de multiplicar las ocasiones en las que lo pongo en marcha.</li>
<li><strong>Esfuerzo</strong>: sin esta última contribución, no habría sido posible llegar donde he llegado, ni tampoco habría disfrutado tanto de algunas partes del trayecto. Sin esfuerzo, lo más seguro es que hubiera abandonado en esas otras partes del camino más tenebrosas.</li>
</ul>
<p>No sabía en qué momento los puntos iban a conectar. Pero el único modo de asegurarme de que las cosas podrían ir bien era <em>continuar caminando el sendero</em>, a pesar de que los deseos de abandonar, de pararme a dormitar un buen rato, presionasen fuerte.</p>
<p>En este primer año se han consolidado algunos proyectos dentro de Crecimiento Positivo, como su área terapéutica y formativa, con los cursos de Educación de las Emociones recientemente impartidos, y además se han comenzado a desarrollar otros proyectos que serán presentados en los próximos meses. El Blog de Apsu y Tiamat ha tenido un gran número de lector@s, a los que agradezco muchísimo sus visitas y comentarios (tanto publicados como no publicados).</p>
<p>A todas las personas que habéis hecho posible que este sueño siga desarrollándose, amig@s, colaborador@s, lector@s, colegas, compañer@s, pacientes, clientes y alumn@s: <strong>GRACIAS DE CORAZÓN</strong>.</p>
<p align="right">Antonio Corredera Larios.</p>
<p align="right">Director de Crecimiento Positivo.</p>
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		<title>¿Autocontrol Emocional?</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Aug 2008 18:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reflexiones Conjuntas]]></category>

		<category><![CDATA[Psicología Positiva]]></category>

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		<description><![CDATA[En la sociedad actual, cuyo ritmo impone una velocidad que difícilmente permite procesar adecuadamente la información relevante para nosotros mismos, se han configurado una serie de esquemas cognitivos que delimitan aquello que es aceptable y aquello que no lo es. Vivimos en un momento histórico en el que los elementos racionales son tremendamente valorados y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la sociedad actual, cuyo ritmo impone una velocidad que difícilmente permite procesar adecuadamente la información relevante para nosotros mismos, se han configurado una serie de esquemas cognitivos que delimitan aquello que es aceptable y aquello que no lo es. Vivimos en un momento histórico en el que los elementos racionales son tremendamente valorados y se toman en cuenta como lo deseable en la mayor parte de ocasiones. Si bien los contenidos cognitivos y racionales, son necesario para, por ejemplo, facilitar ciertos procesos como la toma de decisiones, la configuración de este modelo ha establecido que todo lo que tenga que ver con lo emocional, como opuesto a lo racional, es negativo.</p>
<p align="center"> <img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/c-roto.jpg" width="350" align="middle" height="235" /></p>
<p>De este modo, desde muchos lugares diferentes, se nos &#8220;invita&#8221; a la racionalidad desde el rechazo por lo emocional. Las emociones aparecen, por tanto, como signo de debilidad, como síntoma de un déficit de algún tipo, como una especie de inmadurez de la que debemos hacernos responsables. Y desde estos modelos se nos invita a <em>controlar nuestras emociones</em>. Si reflexionamos  brevemente seguro que todos podemos recordar escenas que hemos vivido en las que se recompensaba verbalmente a aquellos que parecían &#8220;controlar sus emociones&#8221; y se culpaba o reprendía a aquellos que mostraban ante los demás lo que estaban sintiendo. Si bien hay contextos en los que mostrar determinadas emociones puede ser valorado como negativo, no debemos creer que el denominado <em><strong>autocontrol emocional</strong></em> es un método adecuado para solucionar algún tipo de problema.</p>
<p>El autocontrol emocional parte de una premisa que, humildemente, considero equivocada ya que, desde este lugar, se apuesta por la siguiente sentencia: <strong>no se pueden controlar las emociones</strong>.</p>
<p>Parece un hecho sin importancia, pero elegir un paradigma, un modelo sobre qué son las emociones, u otro, modifica nuestra relación con las mismas. De esta manera, creer que las emociones son lo contrario a la razón, concebirlas como algo a evitar, ya que dejarnos llevar por ellas suele tener consecuencias negativas, puede llevarnos a estar convencidos de que el <strong>control </strong>es una solución adecuada.</p>
<p>La apuesta por el control emocional tiene, como es lógico, consecuencias. Y son dichas consecuencias las que desaconsejan seguir la vía del control con nuestras emociones. Por un lado, controlar las emociones supone, de manera práctica, realizar (al menos) las siguientes acciones:</p>
<ol>
<li><strong><em>intentar bloquear</em> </strong>lo que se siente cuando se está sintiendo, con el objetivo de ser racional y cumplir con el criterio social de ser &#8220;correcto&#8221;, y</li>
<li><strong><em>dificultad para reconocer las propias emociones</em></strong>, ponerles un nombre y darles un significado.</li>
</ol>
<p>Evidentemente, ambas estrategias de control forman parte de un mismo proceso que se va desarrollando en el tiempo y que se refuerza a sí mismo a través de los demás. Cuando conseguimos <em>controlar </em>nuestras emociones en determinadas situaciones sociales, se nos considera &#8220;maduros&#8221;, &#8220;racionales&#8221;, &#8220;objetivos&#8221;&#8230; Dicho de otro modo, hay todo un conjunto de personas que nos van a valorar por saber <em>controlar </em>nuestro mundo emocional.  ¿Merece la pena el esfuerzo? Analicemos algunas de las consecuencias que esta estrategia conlleva.</p>
<p>El bloqueo emocional conlleva un efecto de acumulación que va creciendo dentro de nosotros. Cada emoción que nos negamos a sentir, cada emoción que frenamos, va dejando un poso negativo sobre nosotros, aunque no seamos conscientes del mismo. Muchas personas son capaces de estar meses acumulando emociones negativas sin expresarlas de ningún modo. Las emociones, tarde o temprano, necesitan una forma de expresión; solo necesitamos llegar a nuestro límite para comprobarlo. La <em><strong>explosión </strong></em>de una de las emociones negativas suele ser la consecuencia más habitual del proceso de bloqueo emocional: explosión de <strong>ira</strong>, explosión de <strong>tristeza </strong>(a través del llanto), etc.</p>
<p>Curiosamente,  tienden a <em>confundirse</em> con facilidad como consecuencia del <em>control emocional</em>: es la ya mencionada <strong>dificultad para reconocer las propias emociones</strong>. Si no sé muy bien qué estoy sintiendo, porque me he negado durante mucho tiempo a sentirlo, a expresarlo, lo que puede ocurrir es que ya no sepa qué es exactamente lo que siento. Y si no sé qué emoción me está invadiendo, difícilmente voy a poder reconocer qué significa para mí en este momento y mucho menos cómo manejarla, excepto, claro, volviendo a bloquearla.</p>
<p>En cada explosión, vaciamos nuestro acumulador emocional y así estamos listos para volver al principio. Además, algunas personas encuentran actividades para retrasar la explosión y poder ir &#8220;descargando&#8221; en pequeñas dosis su propio acumulador: la práctica de deporte intenso, el consumo de determinadas sustancias, etc. Todo para lidiar con aquello que creemos que es secundario o impropio de un adulto responsable.</p>
<p>Pero, ¿no es nuestra responsabilidad saber manejar adecuadamente nuestro mundo emocional? Ya que el paradigma analizado que apuesta por el <strong>control emocional</strong> parece no ser el más adecuado, quizás habría que comenzar por cambiar la concepción que tenemos de las emociones.</p>
<p align="center"><img src="http://crecimientopositivo.es/blog/images/splash-360.jpg" width="360" align="middle" height="270" /></p>
<p>Etimológicamente, <strong>emoción</strong> significa el <em>impulso que induce a la acción</em>. Desde esta perspectiva básica, la emoción no puede considerarse negativa en sí misma, así que necesitamos un nuevo modelo de las <a href="http://www.crecimientopositivo.es/emocysentim.html" title="Emociones y Sentimientos" target="_blank">emociones y los sentimientos</a>.  Se podría establecer una división entre emociones positivas y negativas en función de las sensaciones y significados que tienen para nosotros, es decir, si nos agradan o desagradan. Hay que reconocer que, en ambos grupos, la <strong>intensidad </strong>de la emoción de la que hablemos puede ser la clave a partir de la cual nos resulte más o menos difícil <em><strong>gestionarla</strong></em>. Y es aquí cuando cambiamos de paradigma, al pasar del <em>control</em> a la <em>gestión</em> de las emociones.</p>
<p>Aunque hay emociones que parece que tienen un efecto universal sobre los seres humanos, o al menos parece que nos lleven por caminos similares, como puede ser la tristeza ante la pérdida de un ser querido, o la alegría de conseguir el ascenso que esperábamos, lo cierto es que cada individuo tiene que lidiar con sus propias emociones. Y que la única cosa que realmente tenemos en común es una mayor o menor dificultad con la <strong>intensidad</strong> de determinadas emociones.</p>
<p>Lejos de apostar por eliminar las emociones negativas, la visión que propongo en este artículo es la de comprender la necesidad de conectar con las emociones, tanto positivas como negativas, y aprender a <strong>gestionar inteligentemente</strong> la intensidad de las mismas.</p>
<p>Para conseguir este objetivo, hay que comenzar por saber qué es lo que siento, es decir, por <strong><em>aprender a reconocer mis emociones</em></strong>.  El único modo de reconocerlas y discriminarlas entre sí es convivir con ellas, es dejarlas estar y ver qué es lo que significan para nosotros, qué nos aportan en ese momento, ya sea positivo o negativo.</p>
<p>Posteriormente, una vez que he sabido ponerle nombre y darle significado a esa emoción, es importante centrarnos en <em><strong>qué hacer con esa emoción</strong></em>. En este sentido, y en función de nuestros objetivos, tendremos que ver a qué se debe la intensidad de nuestra emoción. ¿Dicha intensidad se debe a una serie de pensamientos que fluyen al tiempo que siento? En un artículo anterior (<a href="http://crecimientopositivo.es/blog/?m=200711#/p=11" title="¿Víctimas de nuestras emociones?" target="_blank"><em>¿Víctimas de nuestras emociones?</em></a>) se explicó la importante relación entre los pensamientos y las emociones; mientras que éstas últimas siempre son <strong>reales</strong>, los pensamientos puede que no lo sean, pero que, debido a lo que sentimos, le estemos dando una credibilidad que no merecen sin pruebas. En este sentido, continuar apostando por esta línea resulta básico en la toma de decisiones sobre qué hacer con esa emoción.</p>
<p>Si resulta que la intensidad de nuestra emoción difícil se deriva de un conjunto de pensamientos que incrementan dicha intensidad, nuestro trabajo será buscar hechos y pruebas que refuten esos pensamientos. Así, reduciremos la intensidad de la emoción. Sin embargo, habrá ocasiones en que, incluso tras el análisis propuesto, la intensidad de la emoción no disminuirá. En el ejemplo propuesto con anterioridad, sobre la pérdida de un ser querido, la tristeza continuará ahí. No debemos tener miedo a seguir auténticamente lo que nos está sucediendo. Aquí el objetivo es <em>darse permiso</em> a sentir. <strong>Aceptar</strong> mis emociones es la clave para seguir construyendo significados positivos una vez pasado el primer impacto.</p>
<p>Los seres humanos tenemos la capacidad de gestionar nuestras emociones y transformar toda esa energía en algo creativo. La primera decisión a tomar pasa por cambiar de paradigma, rechazando la creencia de que las emociones y sentimientos son algo a evitar. A continuación, debemos aceptar las emociones, comprender los significados particulares que nos aportan y decidir qué hacer con ellas. Podemos elegir disfrutarlas, aprender de ellas, utilizando su energía para favorecer el autoconocimiento, crecer y transformarnos a nosotros mismos.</p>
<p align="right">Apsu y Tiamat</p>
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		<title>Miedo a la Expectativa Positiva</title>
		<link>http://crecimientopositivo.es/blog/?p=19</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Jun 2008 11:54:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tiamat</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Psicología Positiva]]></category>

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		<description><![CDATA[En numerosas ocasiones, los seres humanos nos encontramos ante situaciones que suponen una oportunidad de alcanzar algo que nos gustaría conseguir: el ascenso que estábamos esperando, la cita con la persona que nos gusta, una mejoría en la relación con mi pareja, etc. Se podría decir que es una oportunidad que nos ofrece la vida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En numerosas ocasiones, los seres humanos nos encontramos ante situaciones que suponen una oportunidad de alcanzar algo que nos gustaría conseguir: el ascenso que estábamos esperando, la cita con la persona que nos gusta, una mejoría en la relación con mi pareja, etc. Se podría decir que es una oportunidad que nos ofrece la vida para disfrutar del momento, para saborear lo que nos está sucediendo&#8230; Pero hay personas que, en lugar de disfrutar de la experimentación de las emociones positivas que aparecen ante la expectativa de éxito, se dicen a sí mismas que es mejor &#8220;no confiarse&#8221; porque &#8220;lo malo siempre puede suceder, de nuevo&#8221;.</p>
<p>De este modo, estas personas, ante situaciones que les plantean la posibilidad de disfrutar de algo que desean, <strong>eligen </strong>&#8220;conscientemente&#8221; no hacerlo. La clase de argumento en el que basan esta elección es &#8220;<em>prefiero no hacerme ilusiones porque si luego no lo consigo, entonces me sentiré peor</em>&#8220;. Puede ser que encontremos lógico este argumento, pero no puedo evitar plantear la siguiente pregunta: ¿cuál es el problema? Sí, porque lo que parece encerrar el anterior argumento es: &#8220;&#8230; <em>me sentiré peor&#8230; y no podré soportarlo</em>&#8220;.</p>
<p>Cuando una persona utiliza esta estrategia con frecuencia, se está perdiendo una de las satisfacciones que más sencillamente los seres humanos podemos alcanzar:  <strong>saborear la expectativa positiva</strong>. Investigadores como el doctor Robert Sapolsky han encontrado en sus estudios que lo que pone en marcha los circuitos neuronales implicados en la felicidad (por ejemplo, secreción de dopamina) es la expectativa previa (la anticipación) de la recompensa esperada, y no tanto la consecución de la misma. Podría pensarse, por tanto que <strong>soñar </strong>y <strong>fantasear </strong>con que alcanzamos aquello que deseamos es una forma de anticipar la recompensa que está por llegar, pero también supone la oportunidad de imaginar cómo sería nuestra vida al alcanzar ese momento y planificar una estrategia en la consecución de dichos objetivos.</p>
<p>La doctora Barbara Fredrickson, autora del <a href="http://www.crecimientopositivo.es/teoriafredrikson.html" title="Modelo de Ampliación y Construcción" target="_blank">Modelo de Ampliación y Construcción</a>, postula en sus estudios que la experimentación de emociones positivas tiene como consecuencia la ampliación y construcción de repertorios cognitivos que podrían, en un segundo momento, facilitar las acciones que nos lleven a la consecución de nuestros objetivos. Es decir, que sentir emociones positivas como la alegría, la satisfacción, la tranquilidad, el optimismo, etc., puede hacer que seamos más creativos en la búsqueda de soluciones y en la creación de planes orientados a metas. En último término, si llevamos a cabo esas acciones orientadas a metas con éxito, lo que lograremos es aumentar el repertorio de posibilidades ante una situación determinada, lo que nos transforma (al darnos nuevas opciones), generando nuevas emociones positivas y retroalimentando el sistema.</p>
<p>De este modo, y siguiendo la lógica de ambas líneas de estudio, la estrategia de coartar las emociones positivas para no decepcionarnos, para evitar sentir la frustración, también evita la posibilidad de, primero, sentir una serie de emociones positivas derivadas de la expectativa previa de lograr algo que deseamos y, segundo, de ser creativos en esa situación, de intentar soluciones diferentes, de pensar en las consecuencias positivas que tendría haber alcanzado ese objetivo, meta personal o logro.</p>
<p>Las personas que plantean el argumento que anteriormente comentaba,  se están escudando en una lógica pesimista bajo la supuesta protección de lo neutro. Y es que el miedo a la frustración, a no lograr lo que deseamos, a sentir la decepción del &#8220;fracaso&#8221;, nos empuja en muchas ocasiones a esta actitud &#8220;pesimista&#8221;. ¿Qué consecuencias tiene basarnos en ese miedo a la expectativa positiva?</p>
<p>Si construimos una creencia sólida, rígida y dogmática que nos protege de sentirnos mal, recurriremos a ella siempre que nos resulte necesario. Esta creencia nos &#8220;protegerá&#8221;, como decía, de los posibles fracasos que intentar alcanzar nuestros sueños y deseos conlleva. Pero esta protección es tan falsa como la creencia en la que se quiere sustentar. El miedo a no poder soportar la frustración nos puede llevar a tomar determinadas decisiones con el objetivo de tratar de evitar el dolor; pero esto no garantiza que no vayamos a sentirlo.</p>
<p>Al desear evitar la expectativa positiva eliminamos también la posibilidad de soñar con el éxito, de vernos a nosotros mismos alcanzando nuestros objetivos. Estas formas de &#8220;visualización&#8221; nos pueden ayudar a construir el plan de acción que nos acerque al éxito, a la meta, al objetivo. Si dejamos que las emociones positivas que surgen de la expectativa de éxito nos envuelvan, y ampliamos los repertorios cognitivos, habrá muchas más opciones de planificar los pasos que me llevarán al objetivo. Pero resulta muy importante, en dicha planificación, contemplar la posibilidad de que no lo consiga y establecer también unas directrices básicas que me permitan reaccionar ante  tal situación.</p>
<p>Las personas que evitan la expectativa positiva consiguen eliminar la posibilidad de verse en el éxito y también en el fracaso, por lo que no pueden planificar los pasos que le lleven a su objetivo ni tampoco pueden elegir cómo van a a reaccionar si las cosas no salen como esperaba. Soñar, visualizar y saborear la expectativa, en este sentido, es como un ensayo general de lo que <em>puede ocurrir</em> si persevero.  Porque todo este asunto de la expectativa positiva no sirve de mucho si no incluyo en el proceso la <strong>acción orientada a metas</strong>.</p>
<p>La expectativa del éxito, al iniciar un proceso emocional positivo que  incluye el aumento de los repertorios cognitivos, facilita una ampliación de los posibles planes de acción a llevar a cabo. Si veo más posibilidades, en lugar de un único camino, lo más probable es que si me encuentro escollos en el mismo, sea capaz de sobreponerme. Porque, en definitiva, si lo que marca mi decisión de no dejarme llevar por la expectativa positiva es el miedo a no poder soportar la frustración de haberme equivocado, de no haber alcanzado la meta, entonces es que doy por supuesto que esas emociones negativas son &#8220;insoportables&#8221; para mí.</p>
<p>En último término, si convertimos esta evitación en una pauta habitual, lo que conseguiremos es eliminar una buena parte de las emociones, positivas y negativas, de nuestra vida. Algunas personas, que no ha aprendido a gestionar su mundo emocional, estarían encantadas con esa posibilidad. Pero surge un problema: es imposible no sentir emociones. De modo que si nos acostumbramos a esta pauta anterior, lo que ocurrirá es que <em><strong>bloquearemos </strong></em>gran parte de nuestras emociones, dificultando, con el tiempo, su reconocimiento. Si no sabemos que estamos sintiendo, no podemos saber cómo reaccionar ante ello. Si estamos bloqueados, tendremos dificultades para darnos cuenta de que tal vez es el miedo el que nos impide tomar otras decisiones, otros caminos.</p>
<p>Los procesos emocionales y cognitivos asociados a la generación de expectativas positivas acerca de un deseo que tenemos, pueden ayudarnos a preparar las acciones que nos acercarán a dicho deseo, al tiempo que nos permitirán contemplar las dificultades y elaborar planes secundarios de acción en caso de no lograr nuestra meta.</p>
<p align="right">Tiamat.</p>
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		<title>Metáforas y Expresión Emocional</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Apr 2008 10:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>apsu</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Psicología Positiva]]></category>

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		<description><![CDATA[Los seres humanos tenemos la necesidad de expresar a nuestros compañeros de ruta nuestro mundo interior. Compartimos con ellos nuestras ideas, opiniones y pensamientos, nuestras inquietudes y perspectivas&#8230; y también nuestros sentimientos, estados de ánimo y emociones. Generalmente tendemos a frivolizar al hablar de expresión emocional, pero lo cierto es que permanentemente estamos expresando emociones: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los seres humanos tenemos la necesidad de expresar a nuestros compañeros de ruta nuestro mundo interior. Compartimos con ellos nuestras ideas, opiniones y pensamientos, nuestras inquietudes y perspectivas&#8230; y también nuestros sentimientos, estados de ánimo y emociones. Generalmente tendemos a frivolizar al hablar de expresión emocional, pero lo cierto es que permanentemente estamos expresando emociones: un gesto, una mueca, una reacción fisiológica&#8230; Somos bastante buenos manejándonos con las ideas y pensamientos, con el mundo racional, aparentemente consciente, mientras que mostramos más dificultades a la hora de expresar qué sentimos.</p>
<p>Cuando nos comunicamos con otras personas encontramos  dificultades, en ocasiones, para que el otro comprenda lo que queremos decir. Puede que no encontremos las palabras adecuadas, que nos cueste ordenar la información del mensaje, o bien que nuestro interlocutor sea el que se muestra incapaz de atendernos o comprendernos. En esos momentos nos da la impresión de que hay una barrera infranqueable entre nosotros que nos impide conectar. Muchas personas se frustran y se enfadan con el otro (o consigo mismos), otros desisten en su intento, mientras que algunos siguen intentándolo de la misma forma repitiendo el resultado.</p>
<p><em>Llevo encima todas las heridas de las batallas que he evitado.</em></p>
<p align="right"><em>Fernando Pessoa</em>.</p>
<p>Desde que somos pequeños nos educan para comunicarnos utilizando el lenguaje verbal, en su vertiente lógico-formal, donde la literalidad de los significados del mensaje es un punto fundamental para que la comprensión se produzca. Esta educación, cuyo objetivo es sentar las bases para el éxito comunicativo en el futuro (y en el presente), facilitando así el proceso de socialización, se combina frecuentemente con el uso del lenguaje metafórico. Este lenguaje es utilizado con los niños en un contexto en el que el juego está permitido, siendo el objetivo la comprensión paulatina y progresiva de conceptos y situaciones, así como una herramienta de entretenimiento. Un buen ejemplo son los cuentos.</p>
<p>Muchas personas ven limitada su experiencia con este lenguaje a este tipo de contextos, aunque lo cierto es que a lo largo de nuestra vida estamos  expuestos a este tipo de lenguaje creativo y tenemos la oportunidad de utilizarlo en muchos otros contextos. La enorme relevancia y utilización del lenguaje lógico-formal en comunicación, tiene como consecuencia también la poca consideración que se le da a otros elementos de la comunicación, como el lenguaje no verbal.</p>
<p>En otros lugares he señalado la importancia y utilidad que los cuentos pueden tener para la construcción de significados que todos realizamos de cada situación que nos ocurre. En especial con los niños, sucede que creemos que hay cosas que no van a comprender y, por tanto, obviamos la necesidad que tienen de &#8220;rellenar vacíos&#8221; en la comprensión y construcción de la realidad que acontece. Los cuentos, por tanto, son una forma de rellenar ese vacío y adaptar los sucesos a la capacidad de comprensión del otro: el tipo de lenguaje que se utiliza en esta clase de narración es el metafórico.</p>
<p>Una metáfora es un elemento de la comunicación que permite la construcción de significados de una realidad a partir de otra descripción que no guarda relación directa, pero con la que comparte algún elemento. La palabra metáfora, en griego moderno, define al transporte que lleva a los viajeros del aeropuerto al avión; podría considerarse, entonces, que una metáfora es un &#8220;transportador&#8221; de significados.</p>
<p>En este sentido, una metáfora, expresada en forma de cuento, alegoría o aforismo, permite expresar, comprender y aceptar una realidad difícil, precisamente porque se &#8220;salta&#8221; todos los presupuestos lógico-formales, conectando con más facilidad con nuestras emociones y sentimientos. En el caso de los niños, que viven de forma más auténtica la conexión con sus emociones, una metáfora puede servir para facilitar la comprensión de una realidad compleja y darle forma y sentido. Con los adultos, que viven menos conectados a sus emociones (en esa burbuja lógico-formal-racional que construimos para &#8220;preservarnos&#8221;), el uso de metáforas sirve para saltarnos el mecanismo de transcripción literal de significados, y, desde la aparente distancia de una historia ajena a nosotros, conectar con algo genuinamente propio.</p>
<p><em>Un padre y una madre centauros contemplan a su hijo, que juguetea en una playa mediterránea. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: ¿debemos decirle que solamente es un mito?</em></p>
<p align="right"><em>Kostas Axelos.</em></p>
<p>Al igual  que la resaca que produce el movimiento de las olas sobre la orilla de la playa, la metáfora se aleja primero de nosotros, arrastrando nuestros pies lentamente, casi sin que lo percibamos, para luego salpicarnos de agua suavemente; de hecho, si nos dejamos seducir por su agradable sensación, terminamos por bañarnos en ella y reconocernos allí.</p>
<p>Una metáfora puede ser una oportunidad de comprensión, para conectar con algo que nos sucede, con un deseo o una fantasía que habíamos olvidado; también ofrece la oportunidad de compartir algo nuestro con el otro, lo que también puede enseñarnos lo mucho que tenemos en común. Con una metáfora, emisor y receptor parten de un lugar común, aunque con diferentes perspectivas e intenciones; del mismo modo, puede que lleguen a lugares distintos, a construcciones de significado diferentes, pero han compartido la misma ruta emocional sugerida en la metáfora.</p>
<p>La clave del significado de una metáfora está en la subjetividad; algunos autores, como Bernardo Ortín y Trinidad Ballester, opinan que &#8220;el significado  de una metáfora lo aporta el que escucha, y no el narrador. El pensamiento subjetivo, en su divagación, produce nuevos significados&#8221;. Todo cobra sentido a partir de las emociones que surgen de esa historia, y que construyo como receptor del mensaje. Para el emisor, el significado puede ser otro, completamente diferente. Lo trascendente es la conexión emocional que aparece entre dos personas que comparten la metáfora, más allá del significado.</p>
<p>Como transportadora de significados, la metáfora es una oportunidad de autodescubrimiento, de crecimiento, de encuentro.</p>
<p>Para terminar, quiero proponerte un <strong>juego </strong>en el que las metáforas son solo el principio; cada uno tendrá que decidir qué es lo que inician: pueden ser utilizadas para revisar con qué partes de mí conectan, o qué significados comunes tienen para mi y otras personas. A lo largo del artículo hay alguna metáfora, que también puede utilizarse para percibir con qué partes de ti mismo conectan&#8230;</p>
<p>El juego consiste en completar las siguientes historias, reflexionando luego sobre los significados que tienen para cada uno de nosotros y qué emociones surgen del proceso:</p>
<ul>
<li><em>&#8230; una balsa en medio del océano, flota a la deriva. Hay alguien tumbado, parece dormido&#8230; ¡Cuidado, está despertando! Parece algo aturdido; comienza a mirar a su alrededor y&#8230;</em></li>
</ul>
<p>¿De dónde viene esta persona?, ¿Cómo ha llegado hasta allí?, ¿Cómo reaccionará a continuación y porqué?</p>
<ul>
<li><em>Me sentía extrañamente nostálgico, allí sentado, en la parte de atrás del vagón del tren; me fijé en que estaba completamente vacío, excepto un asiento, justo en la cabeza del vagón, al otro lado. Así, de espaldas, me recordaba a alguien&#8230;, se parecía a mí. Al pensar en esa otra persona, que tal vez era yo, me sentía esperanzado&#8230;</em></li>
</ul>
<p>¿Qué significa para ti esta historia?, ¿Por qué se siente el personaje de forma tan diferente al principio y al final?, ¿Cómo crees que continuaría la historia?</p>
<p>En función de nuestra propia historia, encontraremos ciertas similitudes con partes del camino que hemos recorrido, y también con partes que nos gustaría recorrer. Una metáfora, sugerida o percibida, puede conectarnos con partes que nos resultan familiares pero desconocidas de nosotros mismos, y que nos pueden facilitar el camino que sugiero recorrer en este artículo: el del autoconocimiento.</p>
<p align="right">Apsu</p>
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		<item>
		<title>Aceptar las Emociones</title>
		<link>http://crecimientopositivo.es/blog/?p=17</link>
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		<pubDate>Tue, 25 Mar 2008 07:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tiamat</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Psicología Positiva]]></category>

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		<description><![CDATA[En muchas ocasiones, los seres humanos tenemos dificultades para gestionar situaciones en las que está presente una intensidad emocional más alta de lo habitual. Como he señalado en otros momentos, no nos manejamos muy bien con nuetro mundo emocoinal, e incluso tendemos a minusvalorarlo e incluso ignorarlo. Pero la verdad es que sentimos emociones, a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="left">En muchas ocasiones, los seres humanos tenemos dificultades para gestionar situaciones en las que está presente una intensidad emocional más alta de lo habitual. Como he señalado en otros momentos, no nos manejamos muy bien con nuetro mundo emocoinal, e incluso tendemos a minusvalorarlo e incluso ignorarlo. Pero la verdad es que sentimos emociones, a diario, y éstas juegan un papel importante en nuestras vidas.</p>
<p align="left">Algunas personas llevan esta tendencia más allá y consiguen bloquear su experiencia emocional; sienten algo, no hay duda, pero no saben muy bien qué. Durante algún tiempo este bloqueo les ha resultado beneficioso quizás  para poder soportar una situación complicada. La mayor parte de las personas que han necesitado llevar a cabo este proceso, han terminado expresando sus emociones en forma de explosión. Por ejemplo, alguien ha perdido a un ser querido y no muestra ninguna reacción emocional, pero, en el momento más inesperado, un tiempo después, y estimulado por algún detalle que le ha recordado a la persona perdida, comienza a llorar y por fin conecta con su dolor.</p>
<p align="left">El problema de esta estrategia de gestión de emociones difíciles, es que se corre el riesgo de generar una pauta a partir de la cual me desconecto de una parte importante de mi realidad, de quién soy, impidiéndome reconocer sensaciones y reaccionar ante ellas de manera sana. Puede que, incluso, me sienta incómodo ante la expresión emocional de los demás y pretenda racionalizar sus reacciones, no permitiendo al otro expresar su necesidad. Esta última forma de interactuar está socialmente bien vista, puesto que muchas personas consideran la expresión de emociones un síntoma de debilidad.</p>
<p align="left">Es cierto que hay personas que aprenden a bloquear sus emociones negativas, acumulando su influencia hasta que consiguen expresarlas, a través de una &#8220;explosión&#8221;. Otras, pretenden también &#8220;<em>controlar</em>&#8221; sus emociones positivas quitándoles importancia, impidiéndose a sí mismos conectar con esa parte tan importante de sí mismo. Esta pauta de bloqueo emocional tiene  consecuencias sobre nosotros que pueden resultar muy contraproducentes. No reconocer nuestro estado emocional es una de ellas; no saber muy bien si estamos tristes, enfadados o nerviosos, no tener muy claro de dónde vienen estas sensaciones, que generan un estado de ánimo determinado a partir del cual encaro mi realidad. ¿Por qué he reaccionado así en la reunión de esta mañana?, ¿por qué me siento mal cuando veo a esta persona?, ¿qué me pasa? Estas son preguntas que pueden surgir a partir de esta desconexión de nuestras emociones.</p>
<p align="left">Como he mencionado anteriormente, existe una tendencia muy generalizada a menospreciar las emociones y, dentro de estas, las negativas además, reciben un trato especial. Se las considera relevantes y significativas, mucho más que a las positivas, que son consideradas superfluas; pero a pesar de ello no sabemos qué hacer cuando nos invaden. Evidentemetne, no nos gusta sentirlas porque resultan desagradables, de modo que las rechazamos, las ignoramos, las repudiamos y bloqueamos; es decir, como resultan incómodas, preferimos bloquearlas y deshacernos de ellas en lugar de tratar de comprender qué hacen ahí, en este momento. Las emociones nos movilizan a la acción pero también nos pueden enseñar mucho acerca de nosotros mismos si comenzamos a aceptar justo lo que estamos sintiendo, por desagradable que sea.</p>
<p align="left">La búsqueda de la felicidad, camino que intentamos recorrer lo mejor posible, cada uno desde su lugar, no consiste en aumentar las sensaciones y emociones positivas y reducir las negativas, al menos no únicamente; este camino es una búsqueda de nosotros mismos, de modo que, para aumentar el <em>autonocimiento</em>, la <strong><em>aceptación</em></strong> será el  primer paso. No podemos cambiar algo que no nos gusta, si primero no somos capaces de aceptar que nos pasa algo que no deseamos, algo que sentimos. Y para ello debemos comprender lo que nos está sucediendo. ¿Qué nos dice la emoción que nos invade? Nos dice algo  de la situación y algo de nosotros mismos. Si ese &#8220;algo&#8221; no nos gusta, solamente podremos intentar cambiarlo a partir del momento en que podamos aceptar que forma parte de nosotros, que eso desagradable también somos nosotros.</p>
<p align="left">Aceptar las emociones negativas supone darme cuenta y asumir que no soy perfecto, que no tengo porqué serlo y que hay una parte de mi con la que me cuesta interactuar, pero que sé que también es mía. Esta aceptación permite conectarnos con nosotros mismos de manera auténtica, originando un proceso en el que analizar la situación y gestionarla, por difícil que resulte, tendrá un resultado positivo: el <strong>crecimiento</strong>.</p>
<p align="left">Una vez he aceptado que soy yo el responsable de esta emoción, y soy yo el que ha construido un sentimiento negativo, tendré que evaluar la importancia, conveniencia y significado que tiene para mí en este momento. Se trata de no apartarse de la emoción negativa, aceptarla tal y como es, porque este paso nos permitirá conectar con una parte de nosotros que, aunque no nos guste, también nos pertenece.</p>
<p align="left">Solo a partir de este momento puedo <strong>decidir</strong> qué hacer con esta emoción, con este sentimiento. Aceptarlo tendrá, muchas veces, como consecuencia, la comprensión de que &#8220;es lo que hay&#8221;; dicho de otro modo, no puedo hacer nada para cambiar lo que siento ahora mismo y tengo que convivir un tiempo con esta emoción negativa. Pero en otras ocasiones me permitirá darme cuenta de la razón verdadera que origina esa reacción,  poniéndome en el camino de encontrar una solución. Es en este momento, en el que me he dado cuenta de que soy yo el responsable de la intensidad de la emoción negativa, cuando puedo tomar la decisión de cambiar mi estado emocional.</p>
<p align="left">De lo que se trata es de darnos permiso para convivir con nuestras emociones, para conectar con partes de nosotros mismos que tenemos escondidas, de manera que entonces podamos trabajar para integrarlas dentro de nuestra visión de quiénes somos.</p>
<p align="right">Tiamat</p>
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		<title>La Importancia del Contacto</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Mar 2008 09:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Reflexiones Conjuntas]]></category>

		<category><![CDATA[Psicología Positiva]]></category>

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		<description><![CDATA[La sabiduría popular señala en ciertos contextos que &#8220;solo valoras algo cuando ya lo has perdido&#8221;. Generalmente se utiliza esta expresión para hacer referencia a determinadas pérdidas: una relación de pareja, un trabajo, un objeto preciado&#8230; Pero, qué ocurre con aspectos de nosotros mismos?
Los seres humanos estamos dotados de una serie de capacidades cognitivas que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La sabiduría popular señala en ciertos contextos que &#8220;solo valoras algo cuando ya lo has perdido&#8221;. Generalmente se utiliza esta expresión para hacer referencia a determinadas pérdidas: una relación de pareja, un trabajo, un objeto preciado&#8230; Pero, qué ocurre con aspectos de nosotros mismos?</p>
<p>Los seres humanos estamos dotados de una serie de capacidades cognitivas que nos permiten recordar el pasado y planificar el futuro, lo cual resulta tremendamente útil en el proceso de aprendizaje, y muy adaptativo para afrontar situaciones del día a día. Lo malo es que podemos llegar a vivir permanentemente en esos dos constructos, pasado y futuro, y caer en una trampa habitual: dejar de vivir el <strong>presente</strong>. De este modo, al desconectarnos de lo único que tenemos (el presente) también conseguimos bloquear la posibilidad de conectar auténticamente con los demás y, lo que es peor, con nosotros mismos.</p>
<p>Muchas personas viven recordando su brillante pasado, y se presentan ante los demás como &#8220;el que hizo&#8221;, &#8220;el que una vez&#8230;&#8221;, etc. En lugar de disfrutar de sus recuerdos, los utilizan para transformar su realidad en una sensación de permanente melancolía, a partir del argumento: &#8220;cualquier tiempo pasado siempre fue mejor&#8221;. Otras personas, sin embargo, postergan su felicidad en un momento futuro, cuando consigan un ascenso, cuando nazca su hijo, cuando encuentre pareja, etc&#8230; Estas personas convierten su presente en un lugar sombrío que no está a la altura ni del pasado ni del futuro, impidiéndose a sí mismos conectar con lo bueno que les sucede a diario. Ni siquiera lo perciben.</p>
<p>Si mantenemos esta pauta a lo largo del tiempo corremos el riesgo de desconectarnos de partes de nosotros mismos que son tremendamente importantes, al tiempo que nos comienza a resultar difícil mantener relaciones  satisfactorias con los demás. Y reforzamos nuestra tendencia, porque recordamos lo maravillosa que era esta relación <em>antes</em>, o bien lo &#8220;perfecta&#8221; que será mi vida cuando esta relación se consolide, o llegue a ese lugar que yo considero la felicidad. Mientras me lamento de las diferencias con el pasado y sueño con la &#8220;perfección&#8221; de ese futuro, me estoy perdiendo la oportunidad de conectar con el otro que tengo delante, percibir que ese momento es lo único que existe ahora mismo, y que disfrutarlo es el camino para transformar la relación en un encuentro satisfactorio (pasado, presente y futuro).</p>
<p>Si hemos mantenido esta tendencia durante mucho tiempo, es posible que tengamos dificultades incluso para darnos cuenta de que no vivimos el presente, de que nuestras relaciones ya no son auténticas. La única pista que tenemos de que algo sucede es que ya no somos capaces de disfrutar de las relaciones. ¿Qué ocurre? ¿Dónde está el problema? Muchas personas buscan la explicación menos comprometida y culpan al otro, directa o indirectamente, de esta situación; dicho de otro modo: te culpo a ti por mi incapacidad para disfrutar de nuestra relación.</p>
<p>El problema de fondo, en muchas ocasiones, es que hemos perdido la conexión con nosotros mismos, con nuestra parte más genuina, auténtica y creativa, esa parte de nosotros mismos que se da permiso a ser quien es y a compartirlo con los demás. Al habernos desconectado, no somos capaces tampoco de percibir nuestra responsabilidad en el proceso de pérdida; sentimos algo, pero no sabemos ponerle nombre, lo que genera aún más confusión.</p>
<p>Cada persona guarda en su interior la capacidad de conectar consigo misma y volver a disfrutar del presente. Cuando lo hacemos, situamos el pasado y el futuro en el lugar que les corresponde y entonces podemos recordar y planificar sin engancharnos a otras personas. Vivir el presente supone darle continuidad a ese que fuí ayer, al que soy ahora y al que seré mañana.</p>
<p>No hay reglas establecidas que dicten cómo podemos volver a contectar con nosotros mismos de nuevo. Pero sí es verdad que muchas personas coinciden en señalar una opción que les ha devuelto a sí mismos: el contacto. Dicho de otro modo, hay personas que han podido volver a disfrutar del presente e iniciar un proceso de autoconocimiento a través del contacto con los demás, del encuentro con otro significativo.</p>
<p>A algunas personas les resulta difícil explicar el momento en el que vuelven a conectar consigo mismas a través de un encuentro auténtico con otra persona. Hay algunos elementos interesantes que pueden explicar el fenómeno, aunque todos ellos parten del mismo lugar y, al tiempo, desembocan en ese mismo sitio: la intimidad.</p>
<p>Quiero compartir con vosotros la experiencia de alguien que pasó recientemente por este proceso; así lo relata: &#8220;<em>Sentí como si el Ave Fénix prendiera de nuevo la llama de mi corazón; recordé muchas sensaciones que pensaba que no volvería a sentir y comprendí lo confundido que estaba; había una parte de mi que había olvidado y era precisamente lo que me impedía disfrutar de todo lo que hacía. En cierto modo, en ese momento, volví a nacer</em>&#8220;. La clase de contacto que puede generar una narrativa como la que acabamos de leer es único; es un contacto que nos coneccta con nosotros mismos de nuevo, y que solamente se produce dentro de un encuentro auténtico entre dos personas.</p>
<p>El contacto físico con el otro, a través de un abrazo, o bien cogiéndole la mano, incluso mirarle a los ojos, puede devolvernos al presente y conectar con partes de nosotros mismos que creíamos olvidadas. Ese contacto inicia un proceso que parte de lo sensorial, la percepción de mi piel unida a la del otro, continúa con la generación de una emoción, y termina con la creación de un significado atribuido al encuentro. Todo esto sucede en el presente, aquí y ahora. Dejamos de recordar y planificar, y pasamos a ser solamente quienes somos, auténticamente.</p>
<p>De pronto descubro que yo soy esa emoción, que esa capacidad de conectarme a mí mismo y de no perderme en el día a día sigue siendo mía. Porque una de las razones que explican porqué me desconecto de mí mismo es precisamente el hábito aprendido, y socialmente compartido, de desvincularme de mis emociones; al considerarlas como fuente de problemas, y relevarlas a un segundo plano, renunciamos a una parte de quiénes somos.</p>
<p>Una vez he recuperado la capacidad de estar conectado conmigo mismos, puedo escuchar mejor mis deseos, me relaciono de forma más sana con el pasado y con el futuro, dejando de exigir que las cosas hayan sido de otro modo, de pretender que mi felicidad sea alcanzable al llegar a algún lugar del futuro. En ese momento, tal vez, sea capaz de darme cuenta de la oportunidad que el presente me regala: la oportunidad de descubrir quién soy en cada momento, de conectar con otras personas provocando encuentros significativos, de ser creativo y disfrutar de ello.</p>
<p align="right">Apsu y Tiamat</p>
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